Noche. Madrugada. Momento de suspensión
entre días, entre la claridad y la gente, el habla, aparentar ser.
Noche. Momento de reencontrarse en la soledad de uno mismo, de un lugar que no es tuyo.
Noche. Momento de reencontrarse en la soledad de uno mismo, de un lugar que no es tuyo.
Noche. Una de la mañana. Vos frente a
una vacío blanco que te intimida, que te desafía a mancharlo con retazos de vos
en letras.
Noche. Dos de la mañana. El océano,
mientras más hondo bajes, más oscuro es. Y el papel poco a poco se enturbia a
medida que desciendes en vos.
Noche. Cuatro de la mañana. Duele.
Duele el respirar, los ojos, el construir hogar.
Noche. Seis de la mañana. Los pájaros
anuncian un jueves, el cielo garabatea luz. Las letras en el papel parecen
ladrillos en perfecto desequilibrio, reflejo de vos, reflejo de tu verdadero
yo.
Jueves. Mañana. Tomarse el tiempo para
construirse uno mismo. Solo. Descender al océano de criaturas sin descubrir u
olvidadas.
Construirse. Pertenecer.
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