¿Desde dónde escribo? ¿Desde el dolor y la
alegría? Ciertamente no. Aprendí a canalizar el dolor en letras, pero no es eso
lo que me mueve a sentarme frente a una hoja en blanco.
Escribo desde la inconformidad. No puedo
sentarme y fácilmente aceptar que esto es el pedazo de torta que me
corresponde. Yo quiero las frutillas que decoran y las migas de la bandeja, y
si puedo, escabullirme a la cocina y lamer la cuchara.
No acepto ser sólo la joven de veintidós años,
estudiante de la vida, lectora inquieta, buscadora de hobbies y fanática
obsesiva.
Si estoy condenada a vivir una sola vida en vez
de las mil que quiero, voy a vivirla en grande, voy a ser lo que quiera: superhéroe,
médica, niñera, asesina, adolescente o anciana, hombre o mujer. Voy a cazar
demonios, correr por Grecia y tomar té en la finca de un Lord en Londres; voy a
cartearme con alguien del otro lado del océano, resolver crímenes y ser el
Watson de muchos detectives.
Si estoy condenada a vivir una sola época, voy a
darme el lujo de vivir en 1500,1950
o en el año 2130 de una forma u otra, en
este planeta o en otros.
Si voy a vivir una sola vida, voy a vivirla de
tal forma que la Muerte se sentará a mi lado y me pedirá que le cuente todas
las historias que sé y todas las que me pueda inventar.
Escribo desde la inconformidad de tener una sola
y corta vida.
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