9 de octubre de 2015

Mi secreto.



Mi papá me dijo que iba a pintar las paredes de mi pieza. Le pedí permiso para escribir en ellas con lápiz.
Siempre quise escribir libremente las paredes.
Ahora, que me encontraba frente al lienzo más grande que podía tener, no se me ocurría nada. En el momento en que iba a tirar el lápiz y resignarme, evoqué tu mirada, tus sonrisas, tu risa que no es la más bella pero que me da mucha ternura, evoqué tu voz al leer y los gestos de tus manos callosas que siempre hacen el mismo movimiento de atornillar cosas enormes e imaginarias.
Todas las palabras vinieron a mí como el agua del deshielo baja rauda por la montaña. Escribí los más escandalosos párrafos, las más locas ideas, todas aquellas palabras que tendría que decirte pero que se me acobardan al primer momento.
Por unos trazos de lápiz fui feliz, libre, nada me parecía imposible.
"¡La primer mano se la doy yo, pa!" grité avergonzada y temerosa al ver mi obra acabada.
Las palabras se salen del muro, mis secretos laten como corazones delatores.

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